Por Leo Ricciardino

Que el ataque al supermercado de la familia política de Lionel Messi incluida la amenaza al ídolo mundial, no fue ningún punto de quiebre lo demostraron las muertes que inmediatamente le sucedieron a esa balacera. Un niño de 11 años fue asesinado cuando estaba junto a otrosmás chicos en la madrugada del sábado en la zona de Los Pumitas. Y esta es también otra prueba de las dificultades: Estar ante sicarios que no dudan en ametrallar a niños no es un dato más. Es gente dispuesta a todo.

El gobierno de Omar Perotti, el de Alberto Fernández y el del propio intendente Pablo Javkin necesitan urgente un golpe de efecto. No una paz inmediata que es claramente imposible, pero sí una sensación de protección que dé señales a la gente de que el ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, erró feo cuando decretó el triunfo del narco sobre el Estado. La sentencia desmoraliza y fue ampliamente repudiada por eso. Se sabe además, que el Estado siempre gana pero hasta que eso ocurre el precio puede ser demasiado alto.

El impacto de las balas al supermercado de Lavalle al 2500 permitió saber, entre otras cosas, que los efectivos federales presentes en Rosario no tienen móviles suficientes para movilizarse. Y peor aún, se niegan a compartir autos con la policía provincial. Sólo hay que imaginar el grado de coordinación y colaboración que puede haber entre las fuerzas en medio de semejante convivencia.

De Pedro, Rossi, Perotti y Corach en la entrega de recursos para combatir la inseguridad
De Pedro, Rossi, Perotti y Corach en la entrega de recursos para combatir la inseguridad

Sorprende también la ostensible minimización que los dirigentes provinciales y locales, salvo excepciones, hacen del problema policial en Santa Fe. Javkin dijo ese día frente al supermercado atacado que la zona había “sido liberada”. Pero nada pasó al respecto. Consultado Perotti sobre la mujer policía cuyo hijo era un sicario, se limitó a señalar que aquel policía que se aparte de la ley “es inmediatamente considerado un delincuente”.

El problema es que son muchos los casos y el resto actúa bajo su propio código de ética pero visiblemente sin conducción policial y en medio de un desconcierto que es ostensible. No hay otra manera de explicar la pérdida de poder de control en las calles. También lo apuntó el intendente de Rosario: “Balean un distrito municipal en bicicleta y nadie los persigue”. El hecho fue real y comprobable. Tampoco hay mucho registro de otras persecuciones y tiroteos de las fuerzas con los delincuentes que se animan también a disparar sobre los patrulleros o frente a la presencia de éstos.

Además de la violencia Rosario debe soportar la irresponsabilidad de funcionarios, candidatos y legisladores que se propusieron sacar rédito del ataque a la familia política de Messi de las formas más bajas y viles. Desde periodistas malintencionados y mal informados, hasta Amalia Granata que no es la primera vez que extrema el espectáculo por sobre la política. Pero cuando la legislatura provincial tenía los elementos suficientes para expulsarla eligió no hacerlo.

La mediática no fue la única, otros experimentados políticos no se quedaron atrás aunque cuidaron un poco más las formas. Casi todos se mostraron dispuestos a actuar, pero no gestionando sino más bien poniendo sus caras frente a las cámaras.

El gobernador conseguirá más recursos y más federales para el territorio. Incluso no le cerró la puerta a la peligrosa propuesta de Patricia Bullrich de intervención del Ejército, aunque Perotti lo limitó a una posible participación logística como “en la crisis de los humedales” graficó.

Hay un exceso de diagnóstico en medio de una actuación raquítica frente a la crisis. Las órdenes de los jefes presos también es un elemento relativo. En los últimos allanamientos y requisas se determinó que a Guile Cantero no le alcanzó el poder para mediar entre dos facciones que no dudan a la hora de tirarse muertos por las calles.

El refuerzo a la justicia federal de Rosario es un reclamo legítimo pero como dijo una fuente de esos tribunales “sin objeto de persecución definido y sin conducción, es como ponerle un millón de dólares a un Fiat 600: Va a andar muy bien, pero seguirá siendo un fitito”. Por otra parte hay que apuntar que los tiradores y asesinos caen. La mayoría están presos, pero la velocidad de reposición de gatilleros habla a las claras de un problema social profundo y de largo plazo.